- Departamento de Ciencias de la Computación proyecta un 2026 marcado por la integración entre inteligencia artificial, software y nuevas áreas como la computación cuántica.
- Académico advierte que el gran desafío está en transformar conocimiento de alto nivel en innovación que llegue efectivamente a la industria y la sociedad.
El desarrollo de la computación en Chile enfrenta un escenario de expansión y creciente relevancia social, marcado por la necesidad de articular de mejor manera la generación de conocimiento con su aplicación práctica. En ese contexto, el Departamento de Ciencias de la Computación (DCC) proyecta para 2026 un fortalecimiento de la investigación interdisciplinaria, la vinculación con el entorno y el impulso de nuevas áreas estratégicas.
Desde una mirada general, el DCC se posiciona como un actor transversal dentro del ecosistema científico, con presencia en múltiples subdisciplinas que abarcan desde la teoría de la computación hasta la inteligencia artificial. “Nuestro Departamento se destaca por su investigación en todas las subdisciplinas de la computación (…) y estar en la vanguardia requiere avanzar desde una perspectiva más holística de la disciplina”, señala el académico Aidan Hogan.
En esa línea, uno de los principales énfasis para el nuevo periodo será la integración entre áreas tradicionalmente separadas. “En 2026, queremos ver más ‘polinización cruzada’ entre estas áreas, por ejemplo, entre ingeniería de software e inteligencia artificial”, explica. A esto se suma un foco creciente en temas como la privacidad de datos y la ciberseguridad, especialmente en el contexto de nuevas regulaciones nacionales.
El Departamento también avanza en la apertura de nuevas líneas de investigación, como la computación cuántica, a través de colaboraciones con otras disciplinas. “Estamos abordando temas nuevos, como la formación de un grupo de interés en computación cuántica junto con colegas de Física y Matemáticas”, detalla Hogan, destacando además la expansión de redes nacionales e internacionales y el fortalecimiento de iniciativas de vinculación con el medio.
En el plano país, el académico subraya el rol histórico de la computación en el desarrollo tecnológico de Chile y su potencial para seguir generando impacto. “El DCC ha jugado un rol clave en la adopción nacional del Internet y la Web (…) y sigue trabajando para la adopción efectiva de tecnologías emergentes”, afirma, agregando que el Departamento se mantiene disponible para colaborar con el nuevo gobierno en este proceso.
No obstante, uno de los principales desafíos sigue siendo la transferencia tecnológica. Según Hogan, el problema no radica únicamente en la generación de conocimiento, sino en su aplicación efectiva. “La transferencia tecnológica es desafiante por definición, pero puede tener gran impacto”, sostiene. En ese sentido, enfatiza que el éxito depende de la construcción de vínculos entre el mundo académico y el productivo: “En los casos exitosos (…) el ingrediente secreto siempre ha sido la construcción de un puente entre generar y aplicar nuevo conocimiento”.
Para ilustrar este punto, menciona el caso de Oxford Semantic Technologies, empresa surgida desde la academia que logró escalar su tecnología hasta ser adquirida por Samsung. “Su sistema (…) ahora queda instalado en smartphones S24 para ofrecer funcionalidades personalizadas de I.A.”, relata, destacando el rol clave de actores capaces de traducir el conocimiento científico en soluciones concretas.
A nivel estructural, Hogan identifica limitaciones en el financiamiento como uno de los obstáculos para el desarrollo de ciencia aplicada en Chile, aunque reconoce que el país mantiene altos estándares de investigación. “Hay desafíos particulares relacionados con la falta relativa de financiamiento público y privado, pero logramos producir investigación de gran prestigio internacional”, indica.
Frente a este escenario, plantea la necesidad de avanzar en políticas que fomenten la colaboración internacional y la interdisciplinariedad. “Podemos pensar en cómo colaborar con otros países latinoamericanos para competir mejor en el escenario internacional”, propone, tomando como referencia iniciativas europeas como HORIZON.
Asimismo, destaca el rol de la formación de capital humano como eje clave para el futuro. “Deberíamos potenciar la formación interdisciplinaria (…) especialmente a través de la co-guía de estudiantes de postgrado”, señala, subrayando que las nuevas generaciones deben ser capaces de moverse entre la ciencia y sus aplicaciones.
Finalmente, Hogan apunta a una transformación en el rol de las universidades, orientada a una formación más integral. “Implica no solo capacitarlos en temas científicos, sino también en emprendimiento e innovación”, afirma, junto con proponer cambios en los sistemas de evaluación académica para incentivar la colaboración y el impacto.
En un escenario donde la computación permea cada vez más ámbitos de la vida cotidiana, el desafío para 2026 no solo será seguir avanzando en conocimiento, sino asegurar que este se traduzca en soluciones concretas que contribuyan al desarrollo del país.
