- El Departamento de Astronomía de la Universidad de Chile proyecta un año marcado por la investigación activa, el desarrollo tecnológico y la transferencia de conocimiento hacia sectores como la minería y la gestión de emergencias.
- Desde comunicaciones a través de roca sólida hasta sistemas de rescate basados en señales móviles, las innovaciones impulsadas desde la academia evidencian el potencial de la ciencia astronómica aplicada a desafíos terrestres.
Con una veintena de académicos dedicados activamente a la generación de conocimiento, el Departamento de Astronomía de la Universidad de Chile se prepara para un 2026 enfocado no solo en el avance científico, sino también en la consolidación de su aporte tecnológico hacia la sociedad. Así lo plantea su director, Patricio Rojo, quien destaca el carácter dinámico y diverso de la disciplina.
“La astronomía clásicamente se asocia con el espacio, pero nuestra herramienta es la luz en todas sus formas. Eso incluye ondas de radio y las señales que usan los celulares”, explica Rojo. Este enfoque ha permitido ampliar las aplicaciones del conocimiento astronómico hacia áreas más allá de la observación del universo.
Uno de los pilares de este desarrollo es el laboratorio del departamento, donde se han impulsado innovaciones con impacto concreto. “Estamos muy orgullosos del laboratorio a cargo del académico Ricardo Finger, que ha trabajado en un montón de ideas nuevas utilizando distintos aspectos de la luz para aplicaciones tecnológicas más terrenales”, afirma.
Entre los avances más relevantes se encuentra el desarrollo de un sistema de comunicación capaz de atravesar cientos de metros de roca sólida, una tecnología con potencial uso en minería y situaciones de emergencia. “La roca sólida no permite el traspaso de la onda de radio clásica, entonces se ha buscado qué longitud de onda utilizar y cómo detectarla con instrumentos portátiles”, detalla.
A ello se suman iniciativas en entornos submarinos y sistemas de alerta temprana, como la detección de algas, evidenciando la versatilidad del conocimiento generado. Incluso, una de las primeras patentes del departamento abordó un sistema de rescate que combina señales visuales y de radio para localizar personas atrapadas. “Podía servir, por ejemplo, en accidentes en nieve o derrumbes, detectando la señal del celular de la persona”, recuerda.
En paralelo, el departamento ha fortalecido su vínculo con grandes proyectos astronómicos internacionales, como ALMA o el Cherenkov Telescope Array, así como también con el sector privado. Este último podría comenzar a jugar un rol clave en el financiamiento de la investigación. “Hace poco recibimos fondos que vienen directamente de un privado para producir investigación, no fue un fondo concursable, sino una negociación directa”, señala Rojo.
Sin embargo, el camino hacia una articulación fluida entre academia, Estado e industria no ha estado exento de desafíos. “No es parte del entrenamiento del astrónomo tener esa interacción, ha sido un proceso de aprendizaje”, reconoce. En ese sentido, destaca el rol de instancias intermedias y centros especializados que han permitido construir modelos de colaboración más efectivos.
De cara al futuro, Rojo enfatiza la necesidad de equilibrar el impulso a la investigación aplicada con el fortalecimiento de la ciencia básica. “Hay muchos avances que han empezado por ciencia básica y que después han permitido grandes desarrollos aplicados. No hay que dejar débil ese aspecto”, advierte.
Asimismo, plantea que uno de los desafíos estructurales de las universidades públicas es mejorar sus procesos para responder con mayor agilidad a las demandas externas, además de fomentar redes que acerquen la oferta científica a las necesidades del entorno. “Muchas veces el mundo privado no sabe que puede pedir ayuda. Crear esas conexiones es clave”, concluye.
De esta manera, el Departamento de Astronomía proyecta un 2026 donde la exploración del universo continuará siendo fuente de conocimiento, pero también de soluciones concretas para los desafíos del país.
