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“Si ella pudo, yo también puedo”: la apuesta de Ingeniosas para las niñas de Chile

  • Desde hace más de una década, Fundación Ingeniosas trabaja para despertar el interés por la ciencia y la tecnología en niñas y adolescentes. Lo que comenzó como una iniciativa para que el talento femenino no se pierda se ha transformado en una ventana: la que les permite romper barreras y mirar
    el mundo sabiendo que también hay un lugar para ellas.

Ingeniosas no nació mirando a la infancia. Partió como una comunidad de mujeres en tecnología, un capítulo chileno de la organización internacional Girls in Tech que reunía a profesionales del área en distintos países. Pero en el esfuerzo por hacer crecer esa comunidad apareció un problema que no se resolvía: siempre eran las mismas. “Notamos que si queríamos más mujeres en carreras STEM (acrónimo en inglés para Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) había que focalizar el trabajo en la infancia”, explica Gabriela Castillo, directora ejecutiva de la fundación, sobre la intuición que dio origen al programa. Así, Ingeniosas tomó tanto vuelo que terminó convirtiéndose en una fundación propia, que este octubre celebra sus primeros diez años de trabajo formal.


Mujeres de carne y hueso


Tras una década de probar, ajustar y validar, la fundación consolidó una metodología que se sostiene en dos pilares: el modelo de rol y la experiencia significativa. El primero consiste en que quienes dictan los talleres y charlas y acompañan como monitoras sean, en lo posible, mujeres que trabajan en áreas STEM. Muchas llegan a través del voluntariado corporativo de las empresas con las que la fundación colabora, que es la mayor parte de su trabajo: Ingeniosas identifica perfiles de profesionales de la industria y las capacita para que inspiren a las nuevas generaciones. La idea es que las niñas puedan mirar a una mujer real frente a ellas y reconocerse. “Que digan: si ella hace su cama todos los días, si le gusta el mismo grupo de música que a mí, quizás yo también puedo”, describe Castillo. Hablar solo de figuras como Marie Curie, agrega, era valioso, pero seguía generando distancia.

El segundo pilar es hacer. Cada jornada incluye una actividad práctica: encender una luz LED, armar un robot, entender la química del slime o hacer explotar un volcán. Después de la pandemia, la fundación decidió volcar todo su trabajo a la presencialidad, porque ahí se produce el impacto inicial que buscan. Y apuntan a la sala de clases, no a convocatorias abiertas, precisamente por su diversidad: ahí están las niñas a las que les encanta la ciencia, las que alguna vez se acercaron y la abandonaron y, sobre todo, aquellas que “no soportan las matemáticas”.

Las intervenciones pueden ser de corta duración, en un bloque pedagógico; de mediana duración, con bootcamps de cuatro a seis módulos durante unos dos meses; o más extensas, de entre seis y ocho meses, con diez módulos de trabajo. En Antofagasta, además, las niñas que terminan el bootcamp pueden integrarse al año siguiente a una comunidad Ingeniosas que las lleva a experiencias STEM reales, como visitas a observatorios, laboratorios de ciencias de universidades o actividades en el mar.

Las sesiones se hacen idealmente en horario de clases y solo con niñas, algo que los colegios aceptan sin mayores reparos. “No queremos ser separatistas. Sabemos que el mundo funciona en esta diversidad mixta, pero en la infancia es clave llegar primero solo a grupos de niñas”, explica, y cita estudios que muestran que, desde los cuatro o seis años, las niñas comienzan a sentirse intelectualmente inferiores a los varones. El rango de edad tampoco es casual: hasta los 16 años las adolescentes están a las puertas de decidir entre la educación técnico-profesional o la científico-humanista, y después de esa elección revertir el rumbo se vuelve mucho más difícil.El resultado inmediato que mide la fundación es el cambio de percepción. Según sus datos, ocho de cada diez niñas que participan en una actividad de Ingeniosas, ya sea puntual o prolongada, declaran que quieren seguir involucrándose en ciencia y tecnología.


De Antofagasta a República Dominicana


Aunque Antofagasta alberga uno de sus programas más grandes, Ingeniosas tiene actividades en Coquimbo, Viña del Mar, Valparaíso, la Región Metropolitana y la zona de Concepción, incluyendo Lota, Coronel y Nacimiento, además de intervenciones en Temuco y Puerto Montt. Fuera de Chile ejecuta bootcamps en Lima, Bogotá, Buenos Aires y Córdoba, y ha realizado talleres en Ecuador y en República Dominicana.

Ese vínculo con el norte explica su presencia en el Festival de la Ciencia de este año, donde la fundación participó con un stand en Antofagasta. El equipo local mostró al público los resultados de los talleres de robótica, electrónica y ciencias que desarrollan con las niñas, y llevó microscopios portátiles, equipos que la fundación usa para acercar la microscopía a comunidades cuyos establecimientos no cuentan con este tipo de tecnología. Niñas, niños y familias pudieron experimentar y conocer cómo participar en los programas de la región.


“Por qué gente tan importante viene a hacer esto con nosotras»


Detrás de esa cobertura hay un equipo central de apenas cinco personas, apoyado por equipos locales. “Las fundaciones siempre tenemos limitaciones y tratamos de aprovechar el recurso humano lo mejor posible”, reconoce Castillo. Los viajes son constantes y el desgaste es real. Pero, dice, cuando la energía se debilita, siempre aparece una niña que se acerca a dar las gracias.

Este año, en un colegio donde las estudiantes al principio no se engancharon, el programa terminó fascinándolas. Una de ellas se acercó al equipo con una pregunta que todavía la conmueve: no entendía por qué “gente tan importante” había ido a hacer eso con ellas. “El nivel de rezago en el que se sienten para llegar a decirnos eso es brutal”, reflexiona. En otra ocasión, después de una salida a terreno, una adolescente les contó que nunca había viajado fuera de su territorio ni se había subido a un bus.

Para Castillo, esas experiencias muestran que el impacto va más allá de la vocación científica. “Estamos contribuyendo a los factores protectores de las niñas, a su autoconfianza, a su crecimiento y a su desarrollo, no solo pensando en el mundo de la ciencia y la tecnología, sino también en su quehacer diario”, afirma. Se trata, en el fondo, de mostrarles que, por excluidas o lejanas que se sientan, hay un espacio para ellas en el mundo.


Una invitación a la academia

Hoy Ingeniosas cuenta con una red de más de cien mujeres de áreas STEM que participan como charlistas, talleristas y monitoras, y Castillo extiende la invitación al mundo de la investigación. “Gracias a investigadoras e investigadores, las nuevas generaciones pueden acercarse a un mundo que a veces se ve lejano y conocer diferentes profesiones”, plantea.

El argumento final es de cifras. Las mujeres son la mitad de la población mundial, pero su participación en estas áreas no supera el 25 o 30 %. “No es porque no haya talento, sino porque lo estamos dejando ir”, advierte. “Hay espacio en Ingeniosas para todas y todos, desde diferentes roles, para contribuir a inspirar a las nuevas generaciones”.

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