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El rigor del proceso y la cuestión del talento

Por: Marcela Munizaga

Resulta tentador, ante la vertiginosidad de los cambios tecnológicos que hoy acechan a la industria, desde la minería del litio hasta la opacidad algorítmica de la Inteligencia Artificial, sucumbir a la fascinación por los resultados inmediatos. Sin embargo, las ciencias y la ingeniería, entendidas no como una mera técnica de acumulación de respuestas sino como disciplina del pensamiento, nos exigen hoy una pausa reflexiva sobre la naturaleza del talento y de la enseñanza que ofrecemos.

El escenario actual nos presenta una paradoja: habitamos un tiempo donde abundan las soluciones parametrizables, pero escasea la comprensión profunda de los procesos que las sostienen. Cuando hay más respuestas que procesos, el conocimiento puede quedar, por así decirlo, suspendido en el aire, carente de ese sustrato ético y técnico que solo el rigor puede proveer. El foco de nuestra formación debe ser inculcar pensamiento crítico.  Es en este examen del «cómo» y no solo del «qué» donde se juega la relevancia de nuestra facultad para la próxima década. 

Este desafío de entender procesos complejos, esenciales para abordar el cambio de paradigma que exige la crisis climática o la transición energética, requiere de una pluralidad de capacidades que el sesgo histórico ha tendido a omitir. De aquí a diez años, el recambio generacional no será solo un asunto de cronología, sino de identidad. La incorporación decidida del talento femenino en las áreas STEM no debe entenderse como una concesión de justicia administrativa, sino como la recuperación de una mirada necesaria: una que privilegia el rigor, la observación minuciosa de las escalas y la conexión entre disciplinas.

Para que la ingeniería chilena pueda pararse con propiedad frente al futuro, es imperativo entregar soportes reales a estas trayectorias. No basta con la excelencia técnica si esta no va acompañada de la capacidad de articular la ciencia con las necesidades humanas. Estamos, como bien se ha dicho en otros ámbitos de nuestra ciencia, ante una oportunidad dorada; pero el brillo de esa oportunidad dependerá de nuestra habilidad para entender que el talento que hoy necesitamos es aquel que se atreve a cuestionar la respuesta automática en favor del proceso reflexivo.

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