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Litio: la próxima frontera, pero no la última

  • La Universidad de Chile será sede del DLE Symposium 2026, el primer encuentro sobre extracción directa de litio en Latinoamérica, una tecnología que promete recuperar este elemtno de los salares de forma más sustentable.
  • Para el geólogo Diego Morata, la oportunidad tiene fecha de vencimiento: el mundo avanza rápido hacia otras alternativas y es el momento para que Chile dé el paso más allá de la extracción.

Tras su primera versión en Alemania, el DLE Symposium 2026 llega por primera vez a Latinoamérica. El encuentro, dedicado a la extracción directa de litio, se realizará el 5 y 6 de noviembre en la Universidad de Chile y reunirá a casi todas las empresas vinculadas hoy al mineral. Según Diego Morata, académico del Departamento de Geología y director del Centro de Excelencia en Geotermia de los Andes (CEGA), la cita es fruto de casi una década de colaboración con el Karlsruhe Institute of Technology (KIT), que hoy se materializa en el proyecto BRIDGE. “Chile tiene una oportunidad única de marcar la pauta en una recuperación del litio mucho más sustentable que como se ha estado haciendo hasta ahora”, afirma.

El litio es el metal más liviano que existe y tiene un alto potencial electroquímico, lo que permite fabricar baterías que almacenan mucha energía en poco espacio, se recargan rápido y duran más. Por eso es clave para la electromovilidad y el almacenamiento de energías renovables, dos pilares de la transición energética. Chile posee las mayores reservas del mundo, con 9,2 millones de toneladas, cerca de un cuarto del total global según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), y es uno de los principales productores del planeta, principalmente desde el Salar de Atacama.

El modelo tradicional para obtenerlo, basado en piscinas de evaporación, ha sido rentable porque la energía solar es gratuita, pero tiene un alto costo hídrico. La extracción directa busca cambiar ese paradigma, aunque Morata advierte que todavía “hay que invertir bastante para que sea eficiente y económicamente rentable”.

En ese desafío, la Universidad participa con dos frentes dentro de un proyecto ANID-BMBF junto a Alemania. El componente tecnológico lo lidera el grupo de Humberto Estay, del AMTC, mientras que el CEGA aborda la pregunta geológica: ¿Qué ocurre cuando la salmuera, ya sin litio, se reinyecta en el subsuelo? “Vamos a sacar un fluido con una composición y reinyectar otro con una composición distinta. ¿Qué efecto tendrá eso en el medio ambiente y en el reservorio? Eso es algo que hoy no sabemos”, explica.

El proyecto también incorpora el trabajo con comunidades desde el inicio, por lo que sus casos de estudio son salares aún no intervenidos de la Región de Atacama. “Para mucha gente, un salar puede ser un espacio con agua salada, flamencos y una fotografía muy bonita. Pero para las comunidades que viven ahí puede ser algo muy distinto”, plantea el investigador, quien recuerda que algunos proyectos emblemáticos de este estilo fracasaron porque las empresas no hicieron bien ese trabajo previo.

Para Morata, la principal fortaleza de la Universidad de Chile es tener reunidos, “a 50 metros”, a los grupos que investigan la tecnología de extracción y a los que estudian los sistemas salinos. “Eso no se da en muchos sitios”, sostiene. A su juicio, ser anfitriona del simposio es “poner la bandera” y mostrar a la comunidad nacional e internacional que aquí se hace investigación de punta.

Sin embargo, el académico insiste en que el litio no es la última frontera. “Es lo que en este momento está moviendo el piso, pero tiene su fecha de caducidad”, advierte. Ya se habla de alternativas como el sodio, y los países del hemisferio norte invierten millones para no depender de un elemento crítico concentrado en Chile, Argentina y Bolivia.

Por eso, plantea que el país debe mirar más allá. Las salmueras contienen otros elementos de interés, como cesio, potasio o rubidio, que podrían recuperarse de manera sustentable como una “segunda o tercera derivada” de la extracción de litio. Morata lo compara con lo que hoy ocurre en los relaves mineros, donde se buscan cobalto o tierras raras que antes se desechaban. “Si se hubiese pensado desde el comienzo en recuperar todo el paquete de elementos, a lo mejor habría sido más rentable”, explica. Y ahí, subraya, la ciencia es decisiva: con una buena inversión en investigación, desarrollo e innovación, “se puede hacer todo de manera mucho más eficiente y más amigable con el medio ambiente”.

El riesgo, a su juicio, es repetir la historia del cobre. “Tenemos litio, mucho litio. ¿Y después qué hacemos? ¿Lo vendemos para luego comprar la tecnología? Es lo que pasa con el cobre: vendemos los cátodos y después compramos la tecnología”, se pregunta. Primero fue el salitre, luego el cobre y hoy es el litio, en un escenario global que avanza vertiginosamente.

En ese mismo sentido, consultado sobre a quién le gustaría ver en el auditorio del simposio, Morata no duda: a la ministra de Ciencia, Ximena Lincolao. “Para decirle que si siguen con los recortes, seguiremos siendo un país extractivista. Sí, sacaremos litio y lo venderemos. Y compraremos la tecnología”, concluye.

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