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AMTC impulsa modelo de transferencia temprana para acortar la brecha de adopción tecnológica en minería

  • La Oficina de Transferencia Tecnológica del centro trabaja desde las etapas iniciales de investigación junto a socios industriales, buscando reducir la incertidumbre que caracteriza la incorporación de soluciones no probadas en la industria.

La industria minera es conocida por su cautela frente a la incorporación de tecnologías que aún no cuentan con un historial de uso comprobado. Esta aversión al riesgo constituye uno de los principales obstáculos para que los desarrollos generados en centros de investigación logren llegar a una aplicación real en las operaciones. En ese contexto, el Advanced Mining Technology Center (AMTC) de la Universidad de Chile ha construido un modelo de trabajo orientado a acortar esa brecha.

Según explica Victoria Villarroel, encargada de Transferencia Tecnológica del AMTC, la estrategia comienza mucho antes de que una tecnología esté lista para el mercado. «Para cada tecnología que se encuentra en una etapa temprana, buscamos entender qué problema resuelve, quién podría beneficiarse de ella y qué empresas podrían interesarse en su futura adopción o comercialización», señala.

Desde la Oficina de Transferencia Tecnológica, el equipo trabaja en conjunto con los investigadores para definir de manera temprana un modelo de negocio y una estrategia de transferencia. Esto permite identificar a potenciales socios industriales que se involucren en etapas más avanzadas del desarrollo, apoyando pruebas, validaciones y pilotos en condiciones reales. «Trabajar desde el inicio con una contraparte industrial también nos ayuda a evaluar indicadores de desempeño relevantes para la operación, reducir la incertidumbre y avanzar hacia el mercado con mayor y mejor información sobre el funcionamiento y los beneficios de la tecnología», agrega Villarroel.

Sin fórmulas únicas para valorizar tecnologías

Uno de los desafíos centrales de este proceso es la valorización de cada desarrollo y la negociación de acuerdos contractuales que resulten beneficiosos tanto para el centro como para el socio industrial. Al respecto, Villarroel es clara: en el AMTC no existe una fórmula única, ya que cada tecnología presenta características distintas.

Desde la Oficina de Transferencia Tecnológica se analiza el problema que resuelve cada desarrollo, sus ventajas frente a otras soluciones existentes, su nivel de madurez, el mercado potencial y el esfuerzo que aún se requiere para avanzar hacia su implementación. «Para esto utilizamos herramientas computacionales y de análisis que nos permiten contar con la mayor cantidad de información posible y anticipar los potenciales impactos de la tecnología», explica.

Ese análisis permite definir la estrategia de transferencia más adecuada para cada caso, que puede considerar una licencia, un proyecto de desarrollo conjunto, servicios tecnológicos u otros mecanismos. En este proceso, el AMTC trabaja en coordinación con la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo de la Universidad de Chile, que aporta su experiencia en propiedad intelectual, valorización y negociación contractual. «La idea es llegar a un equilibrio que reconozca el aporte de AMTC y de sus investigadores, pero que también se generen las condiciones necesarias para que el socio industrial se involucre, invierta y avance en la adopción de la tecnología», puntualiza Villarroel.

Conciliar los tiempos de la industria y la investigación

Otro de los puntos que aborda la encargada de Transferencia Tecnológica es la diferencia de ritmos entre la industria, que suele requerir respuestas rápidas, y la investigación y desarrollo, que demanda plazos más extensos. «Lo primero es entender que la I+D no es instantánea», afirma. El desarrollo de una tecnología, desde una etapa conceptual hasta alcanzar un nivel de madurez que permita su implementación industrial, puede tomar entre ocho y doce años en promedio, una característica que, según precisa, no es exclusiva de Chile, sino propia del desarrollo tecnológico a nivel mundial.

Justamente por la duración de este proceso, existe un periodo suficiente para planificar sus distintas etapas de desarrollo, validación y pilotaje, definiendo hitos y resultados intermedios, y buscando al socio industrial adecuado para avanzar progresivamente hacia la transferencia. «También buscamos dividir el desarrollo en etapas, con hitos y resultados intermedios que permitan a la empresa evaluar los avances y tomar decisiones sin tener que esperar hasta el final», indica Villarroel.

En este engranaje, la Oficina de Transferencia Tecnológica cumple un rol articulador, conectando las necesidades y tiempos de la industria con los procesos propios de la investigación, y manteniendo una comunicación clara entre los equipos durante todo el desarrollo.