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Ingeniería chilena: reconocida en el mundo, subestimada en casa

  • En el marco del Día de la Ingeniería, Francisco Martínez Concha, decano de la FCFM de la Universidad de Chile, reivindica los logros de la disciplina desde la resistencia sísmica hasta la inteligencia artificial y llama a superar la dependencia cultural que frena al país.

La facultad avanza con una nueva unidad de IA, acuerdos estratégicos internacionales en energías limpias y minería, y programas concretos para reducir la brecha de género en una carrera que sigue siendo mayoritariamente masculina.

Cada año, el Día de la Ingeniería recuerda que esta disciplina nació en Chile de la necesidad de reconstruir lo que la tierra destruye. Más de un siglo después, el país enfrenta un nuevo tipo de sacudida: la velocidad del cambio tecnológico, la presión por las energías limpias y la tentación permanente de seguir siendo un país meramente extractivista. Francisco Martínez Concha, decano de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, tiene una lectura clara del momento: «En Chile la ingeniería goza de gran prestigio y es una de las áreas que más se reconoce por su contribución a la sociedad, y no es así igual en otras partes, donde se le ve como una acción más técnica. En Chile se le ve como puntal del desarrollo, y eso nos pone en una posición de alta responsabilidad.»

Uno de los logros más contundentes de esa responsabilidad asumida es también el menos visible para el ciudadano común: la resistencia sísmica. Chile enfrenta regularmente terremotos de magnitud máxima mundial y sus estructuras los soportan de una manera reconocida internacionalmente. «No se sabe mucho, pero probablemente es una de las áreas de desarrollo científico y tecnológico del país que más se puede destacar de la historia de Chile», afirma Martínez. Sin embargo, ese mismo país que construye con maestría antisísmica arrastra una contradicción profunda: «Todavía somos culturalmente dependientes al grado de que nos cuesta imaginarnos que cosas de alto impacto, de gran envergadura, de gran nivel sean hechas en Chile por chilenos, y preferimos en muchos casos tomar decisiones que delegan esa responsabilidad a instituciones extranjeras. Yo creo que ese es un paso que todavía tenemos que superar y es parte de nuestro subdesarrollo.»

El siguiente frente que enfrenta la disciplina es digital. La FCFM creó la Iniciativa de Data e Inteligencia Artificial (IDA), una unidad deliberadamente multidisciplinar que reúne académicos propios y convoca a profesores de todos los departamentos de la facultad. La apuesta parte de una convicción que el decano explica así: «Pensamos que siendo la inteligencia artificial un nuevo lenguaje transversal a todas las disciplinas, no tenía mucho sentido estar estableciendo capacidades en cada departamento, sino más bien construir una nueva unidad que convocara a todos. Mediante ese mecanismo estamos desarrollando un nuevo ecosistema en inteligencia artificial que involucra a todos los departamentos y eventualmente podría llegar a involucrar a toda la universidad.»

En el plano productivo, la facultad ha construido una red de socios estratégicos internacionales en las áreas donde Chile tiene peso específico: minería, litio, energía solar y tecnologías limpias. El acuerdo con la Unión Europea para desarrollar el Centro Copérnico de monitoreo satelital y los convenios con grandes empresas que operan en el país son fruto de lo que Martínez describe como «un trabajo político, en el sentido de llevar adelante las relaciones al más alto nivel para poder concretar acuerdos estratégicos». El contexto geopolítico ha acelerado esa urgencia: la guerra en Europa y la crisis del petróleo empujaron la transición energética que de todas formas era inevitable. «Esta transformación tecnológica que los países están teniendo que hacer es algo que de todas maneras tenían que hacer y por lo tanto es para quedarse, porque la transformación a las tecnologías limpias es una necesidad inevitable», sostiene.

Los problemas que enfrenta la ingeniería hoy difícilmente se resuelven desde una sola especialidad. Por eso la facultad apuesta a partir del desafío concreto y no de la oferta académica disponible. «Cuando uno da vuelta el problema y lo pone desde el problema mismo en la sociedad, consigue primero establecer estas multidisciplinas de forma natural y segundo consigue que el impacto sea real, porque el problema existe, los socios estratégicos están ahí y por lo tanto se establece desde el principio esa relación de impacto profundo», explica Martínez, quien pone como ejemplo proyectos que convocan desde ingeniería hasta ciencias sociales para abordar el impacto territorial de iniciativas mineras en el norte del país.

En materia de género, el balance es mixto. En el acceso estudiantil el avance ha sido lento porque, como señala el decano, «el nivel escolar viene con ese rezago de género que hace que las matemáticas, la física, la ciencia en general sean un tema masculinizado, y a veces a pesar de que uno hace esfuerzos adicionales, no tiene los resultados esperados». En la planta académica, concursos de contratación exclusivos para mujeres han transformado departamentos que antes tenían participación femenina mínima, aunque el objetivo del 35% todavía no se alcanza y la facultad ronda el 29%. Donde el avance es más nítido es en el clima interno. «Nuestros estudiantes ahora ya asumen mucho más convencidos y conscientes de la realidad: las mujeres se empoderan, se sienten más liberadas respecto de posibles percepciones de menoscabo, y los hombres tienen una percepción de igualdad, de respeto y de reconocimiento de los talentos tales cuales son», describe Martínez.

La visión que el decano plantea para la ingeniería en este Día de la Ingeniería es exigente y sin rodeos. «Si no, vamos a quedar a la vera del camino, no vamos a tener ninguna capacidad de jugar un rol relevante. Nuestra misión es liderar y empujar a todo el país en un proceso de adaptación y cambio para poder ser capaces de responder a las necesidades internacionales. Lo que no queremos seguir siendo es un país extractivista que lo que hace es entregar los recursos y seguir siendo subdesarrollado», advierte. Esa convicción es también el hilo conductor de su candidatura a la rectoría de la Universidad de Chile, desde donde espera replicar a escala institucional lo que la FCFM ha ido construyendo.

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