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Facultad de Medicina cierra un año clave con metas cumplidas y una hoja de ruta casi íntegramente ejecutada

  • La modernización académica, la renovación de infraestructura, el fortalecimiento del posgrado y un impulso sostenido a la innovación marcaron el último año del actual decanato.
  • Con cerca de 50 acciones estratégicas en marcha o ya completadas, la Facultad proyecta una nueva etapa orientada a consolidarse como un referente icónico a nivel nacional e internacional.

El cierre de 2025 encuentra a la Facultad de Medicina en un punto de inflexión. Tras cuatro años de gestión, el balance general es ampliamente positivo, con una hoja de ruta ambiciosa que logró cumplirse casi en su totalidad y que permitió avanzar desde un periodo de estabilización hacia una etapa de renovación profunda.

La Facultad de Medicina es una de las unidades académicas más grandes del país, con una comunidad cercana a las 10 mil personas, que incluye estudiantes de pregrado, posgrado y postítulo, además de académicos y funcionarios. En ese contexto, el decano Miguel Luis O’Ryan explicó que al asumir el cargo se detectó la necesidad de revitalizar la institución. “Diseñamos una hoja de ruta bastante extensa, con cuatro pilares, once ejes y alrededor de 50 acciones concretas”, señaló. “La buena noticia es que prácticamente todas se han cumplido o están en etapa muy avanzada”.

Uno de los hitos más relevantes del periodo fue la modernización del Instituto de Ciencias Biomédicas (ICBM), unidad clave para la investigación básica y la formación inicial de las carreras de la salud. El proceso implicó una reestructuración profunda, con reducción de programas disciplinarios, simplificación administrativa y una renovación académica orientada a fortalecer la productividad y la investigación colaborativa. “Era un instituto que estaba en declive en productividad e impacto. Hoy tenemos una estructura más ágil y una mirada mucho más proyectada al futuro”, afirmó O’Ryan.

En docencia de pregrado, 2025 estuvo marcado por un ajuste curricular transversal que involucró a más de un centenar de académicos y permitió revisar y modernizar todas las carreras. La Facultad ha avanzando de manera decidida en la internacionalización, con instituciones de relevancia global como ScieceTokyo y Universidad de Groningen, incrementando paulatinamente la movilidad de pregrado y posgrado. Entre los avances más destacados se cuenta la creación de becas de doctorado y el aumento significativo de postulaciones. “Pasamos de tener alrededor de 15 postulantes a recibir cerca de 60 para cinco cupos en el doctorado”, detalló el decano.

El trabajo con estudiantes y funcionarios fue otro eje central del año. Se establecieron instancias mensuales de diálogo con el estudiantado, incluso en contextos complejos como el paro que se extendió por cerca de cuatro semanas. De ese proceso surgió un pliego de peticiones trabajado de manera conjunta, con avances concretos como el proyecto de un casino con alimentos a precios accesibles. En paralelo, se avanzó en la regularización contractual de funcionarios, con traspasos desde honorarios y contrata a planta, un proceso que ha sido valorado por la propia comunidad.

La transformación también fue visible en la infraestructura. Nuevos accesos, áreas verdes, salas modernas y un cuidado sistemático del patrimonio arquitectónico cambiaron de manera significativa la fisonomía de la Facultad. La inauguración de la Plaza Blest, tras más de una década de deterioro por obras del metro, se convirtió en uno de los hitos urbanos más simbólicos del periodo. A ello se suman nuevos espacios en hospitales y el desarrollo de los Centros de Investigación Clínica Avanzada, que buscan acercar la investigación y la innovación a los campos clínicos.

En innovación, la Facultad reforzó iniciativas como Openics, orientada a detectar, apoyar y escalar proyectos innovadores en salud, desde aplicaciones y simuladores hasta dispositivos médicos con potencial de transferencia tecnológica. En paralelo, se consolidó la iniciativa Ingeniería y Salud, desarrollada junto a la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, que ya cuenta con una hoja de ruta, un equipo ejecutivo y una cartera de más de 30 proyectos activos. “La innovación no nace por generación espontánea, nace de personas y de iniciativas que hay que saber articular”, subrayó O’Ryan.

Uno de los ejemplos más visibles de esta colaboración interdisciplinaria fue el trabajo conjunto entre ingenieros y médicos en la implementación de la inmunización contra el virus respiratorio sincicial, que permitió a Chile convertirse en el primer país del hemisferio sur en adoptar esta estrategia, con impacto directo en salud pública y publicaciones en revistas de alto impacto internacional.

De cara a 2026, el objetivo es avanzar desde una facultad renovada hacia una facultad icónica. “Queremos consolidar lo avanzado, modernizar nuestra infraestructura histórica y profundizar la interdisciplina con otras áreas del conocimiento”, afirmó. “Hay un buen ambiente humano y un sentido de pertenencia que se ha ido fortaleciendo, y eso es clave para enfrentar el futuro”.

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